Todo lo que existe a nuestro alrededor, nos envía señales
constantemente, es inevitable.
Por lo tanto, como afirma Watzlawick en uno de sus axiomas
de la Teoría de la comunicación, todo comportamiento es una forma de comunicación, como no existe el
no comportamiento no existe la no comunicación.
Todo tiene significado, incluso lo que no significa,
significa que no significa. A diario nuestro sistema nervioso recibe multitud
de información del exterior, adquirida a través de los órganos sensoriales.
Nuestros órganos sensoriales captan las señales provenientes del exterior, y
las someten a un cierto procesamiento cognoscitivo, transformándolas de la
operación simple de “sentir” a la función compleja de “percibir”; es entonces
cuando nos percatamos de la existencia de esa información. Pero no toda la información que recibimos no pasa
por ese proceso. El hombre tiene la
capacidad de “poner atención” a cierta parte de la información que recibe y
desechar el resto. Por ejemplo con los
sonidos, nuestro cerebro no es capaz de retener, ni centrarse en escuchar todos
los ruidos que se producen en el exterior a lo largo del día, si no que solo
procesa aquellos que tienen realmente una importancia para él en el contexto en que se están produciendo.
Por lo tanto ya que las personas tiene una capacidad de
atención limitada, los maestros deben tener en cuenta a la hora de impartir sus
clases, que los alumnos no pueden mantenerla durante mucho tiempo, y menos aun
si estos alumnos son de infantil. El maestro debe crear momentos alternativos de descanso, como por
ejemplo realizarles alguna pregunta,
para que aumente su motivación y evitar
que desconecten. Sin olvidar que no
podemos exigirle más de lo que éste puede asimilar.
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